Óptica mióptica

 

Como lo ha manifestado en proyectos anteriores, Nicolás Consuegra emplea elementos de uso cotidiano para abordar temas que le interesan sobre el espacio, las relaciones entre lo funcional y lo no-funcional así como la percepción visual; temas que a su vez le permiten responder a  inquietudes que tiene en torno al trabajo (como actividad simbólica y material) y valores socioculturales como la unidad y la colectividad.

En Planta libre, Nicolás recuerda el paradigma arquitectónico del mismo nombre en una situación en la que el modelo y la mano (que le da forma) se entrelazan para cuestionar la dimensión simbólica de cada uno. Los dedos-pilotes sugieren cierta estabilidad constructiva, sin embargo, la disposición de los planos nos hace reflexionar sobre el movimiento orgánico los dedos. Para Nicolás, esta situación intenta señalar el orden y la disciplina que ha ejercido el modelo (moderno) en los espacios geográficos en los que se ha implementado y, como estos últimos, han acogido o resistido a dicho modelo.

Un espejo con la figura de una malla entrelazada —y qué da el título a esta misma exposición, Óptica mióptica— nos indica la tensión entre nuestra imagen especular y una pieza que sugiere la posibilidad de mirar a través.

En El principio del trabajo se observa una mesa de comedor que se prolonga para proyectarse a manera de palíndromo o de antípoda de sí misma. ¿Son los individuos/fuerza de trabajo (las sillas) quienes soportan el sistema/capital (la mesa) o es el sistema quien soporta a los individuos? Cerca de esta pieza hay otra que también está compuesta de elementos similares pero ligada a referentes distintos (la “metáfora paterna” según Lacan, entre otras): en La muerte del padre, las sillas crecen a manera de rizomas de una mesa que indica una posición cesante.

En Miradas sin nombre, Nicolás plantea una serie de relaciones en torno el acto de observar y ser observado, así como de la posibilidad de desplazamiento espacial de la mirada. Por la disposición espacial de estas piezas, Nicolás también reflexiona en torno a la formalidad o informalidad del negocio inscrito en un ámbito artístico.

La presencia de dos búhos que descansan sobre su palo y titulados Naturaleza muerta, traen a la vida la marca de Colcultura —entidad creada en 1968 y que dejó de existir para dar paso al actual Ministerio de Cultura en 1997—. Las dos versiones, diseñadas por Marta Granados (figura elongada, ca 1968) y Carlos Duque (figura triangular, 1983), señalan la tendencia de ciertas instituciones por emplear esta ave como parte de su identidad visual. El búho, que también se asocia con la figura de una lechuza (y más estrictamente un mochuelo), tiene un antecedente en occidente de ser el ave que acompaña a Atenea, diosa de la sabiduría y las artes, entre otras. Pero su uso no ha sido constante desde la antigüedad. Hegel, por ejemplo, la trae de nuevo a la luz, citando la lechuza en el prefacio de sus Fundamentos de la filosofía del derecho (1820), y Ortega y Gasset la utiliza como sello de la emblemática Revista de Occidente (1923). En nuestro contexto, este búho —o mejor dicho estos búhos—, marcaron una época de la cultura en Colombia y fueron una suerte de figuras tanto vigilantes y enigmáticas como perdurables; aún cuando Colcultura haya dejado de existir.

En la esquina flaca, Nicolás señala el punto donde los planos de las paredes y el suelo se juntan, pero al hacerlo, se funden las unas con el otro. Esta es una pieza que recuerda un trabajo previo suyo, en el que dio una presencia primordial a un fondo sinfín —dispositivo utilizado en el campo de la fotografía y cuya condición es no ser visible—.

I.V., octubre de 2016