Óptica mióptica

 

Óptica mióptica

Dos búhos que descansan sobre su palo y titulados Naturaleza muerta, traen de nuevo a la vida a la vida el símbolo de Colcultura —entidad encargada del fomento de la cultura en Colombia y creada en 1968. Colcultura se liquidó en 1997 para dar paso al actual Ministerio de Cultura. Las dos versiones, diseñadas por Marta Granados (figura vertical, ca 1968) y Carlos Duque (figura triangular, 1983), señalan la tendencia de ciertas instituciones por emplear esta ave como parte de su identidad visual. El búho, que también se asocia con la figura de una lechuza (y más estrictamente un mochuelo), tiene un antecedente en occidente de ser el ave que acompaña a Atenea, diosa de la sabiduría y las artes, entre otras. Pero su uso no ha sido constante desde la antigüedad. Hegel, por ejemplo, la trae de nuevo a la luz, citando la lechuza en el prefacio de sus Fundamentos de la filosofía del derecho (1820), y Ortega y Gasset la utiliza como sello de la emblemática Revista de Occidente (1923). En nuestro contexto, este búho —o mejor dicho estos búhos—, marcaron una época de la cultura en Colombia y fueron una suerte de figuras tanto vigilantes y enigmáticas como perdurables; aún cuando Colcultura haya dejado de existir.

La esquina flaca, hace referencia  las esquinas gordas —volúmenes que se construyen en las esquinas de ciudades y pueblos en Colombia para evitar que se dejen basuras desantendidas o sirvan de lugares para orinar o defecar.

La muerte del padre hace referencia a un libro del escritor noruego Karl Owe Knåusgard y titulada con el mismo nombre en su traducción al español (originalmente Min Kamp, que en noruego significa Mi lucha). La obra de Knåusgard es de corte autobiográfico y recoge sus experiencias al pasar de niño a joven y de joven a adulto. La difícil relación con su padre —un ser distante e imprevisible— termina en una muerte prematura, lo que genera emociones contradictorias de alivio, impotencia y dolor en Knåusgard. En la pieza escultórica, la mesa sugiere ser la figura patriarcal mientras que las sillas —que crecen a manera de rizomas— sugieren las extensiones de su influencia y de quienes le sobreviven.

Miradas sin nombre, es una serie de piezas que simulan ser gafas de sol, pero que por su composición (o disfunción) proponen una aproximación desobediente y asimétrica a dicho objeto —las gafas de sol están hechas, entre otras cosas para evadir la mirada de los demás, o simplemente para mirar sin ser advertido.

Planta libre, recuerda el paradigma arquitectónico del mismo nombre en una situación en la que el modelo y la mano que le da forma, se intersectan para cuestionar la dimensión simbólica de cada una. Los dedos-pilotes sugieren cierta estabilidad constructiva, sin embargo, la disposición de los planos sugiere la limitación del movimiento orgánico los dedos. Esta situación intenta señalar el orden y la disciplina que ha ejercido el modelo moderno en los espacios geográficos en los que se ha implementado y, como estos últimos, han acogido o resistido a dicho modelo.

En El principio del trabajo se observa una mesa de comedor que se prolonga para proyectarse a manera de palíndromo o de antípoda de sí misma. Los individuos/fuerza de trabajo (las sillas) soportan un sistema/capital (la mesa) que a la vez soportan un sistema adicional que soporta a unos individuos de más alta jerarquía

Un espejo con la figura de una malla entrelazada —y qué da el título a esta mismo proyecto, Óptica mióptica— indica la tensión entre la fijación por nuestra imagen especular y la posibilidad de mirar a través al mismo tiempo.


NC
Agosto de 2016